UNA PÁGINA DE HISTORIA

Sabemos por la historia de la Orden de la Merced, cómo desde los primeros años de la misma se formaron Cofradías que, a la vez que ayudaban a la Obra de la redención de los cautivos recogiendo limosnas, propagaban la devoción a la Santísima Virgen.
La creación de estas Cofradías siguió el avance de la Reconquista, ya que los caballeros y frailes de la Merced acompañaban a las tropas de los distintos reyes cristianos durante el tiempo que duró esta tarea.
Igual que en el Reino de Aragón con Jaime I, formaban también en el ejército que con Fernando III conquistó Córdoba en 1.236 y Sevilla en 1.248. En estas ciudades, aprovechando las importantes donaciones hechas por la Corona en el reparto de sus casas y tierras que siguió a la entrada de los cristianos, hizo la Merced fundación que con el correr del tiempo fueron de los más importantes conventos de la Orden. A la sombra de estos conventos, y desde aquellos remotos tiempos, los frailes crearon Cofradías, de la misma manera que antes lo habían hecho en Aragón y Castilla.
Ese parece ser el origen de la hoy Hermandad de Nuestra Señora de las Mercedes de Mairena del Aljarafe. Así lo prueban algunos documentos, la tradición y lo más importante, los descubrimientos a que dio lugar la restauración de su Imagen Titular, en julio de 1.985, y que probaron que es una talla gótica del siglo XIV, adaptada después, posiblemente en el siglo XVII, a la forma andaluza de vestir y adornar las imágenes, ocultando para siempre aquellos primitivos rasgos.
Pero por la misma organización de estas organizaciones, es muy difícil reunir los documentos que de una forma completa nos permitan conocer toda su historia. Al carecer de sede propia, sus reuniones se hacían en el propio Templo, y los cargos directivos eran elegidos para periodos de tiempo corto, lo que daba lugar a un gran movimiento de papeles y documentos, que cambiaban de manos continuamente, perdiéndose muchos y quedándose otros en poder de las personas que finalizaban sus mandatos.
Por ello el archivo de esta Hermandad tiene grandes lagunas, que se van salvando muy lentamente al ir apareciendo algunos documentos en poder de particulares, a veces unidos a antiguas escrituras de propiedades de estos particulares, descendientes de cargos de la Junta, con lo que se demuestra el valor que ellos le daban. Pero en el archivo de la Hermandad se guarda un interesante libro, que nos informa de una manera meticulosa, de una situación un tanto anormal, que se vivió por más de cincuenta años, desde 1871 a 1924, cuando las mujeres adquirieron un protagonismo inusual de la época. El fin principal de la Hermandad desde su fundación, era el “ofrecer Culto a la Virgen, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Mercedes, Redentora de Cautivos, cuya Imagen se venera en el Altar Mayor de esta Iglesia de Mayrena”. Su fundación se remonta a la conquista de estas tierras por el Rey San Fernando, y en algún documento se atribuye “al propio San Pedro Nolasco”.
Su organización era similar a las Hermandades de la zona, al menos desde finales del siglo XVII; era dirigida por una Junta de hombres compuesta por un Mayordomo, Fiscal, Secretario y Vocales, pagaban normalmente una cuota para los Cultos que celebraban en septiembre, y que algunos años terminaban con festejos y adornos de las calles del pueblo para la procesión de la Virgen.
Pero los acontecimientos que de forma tan decisiva afectaron a la Iglesia, y muy especialmente a las Órdenes Religiosas, a lo largo del siglo XIX, no podían menos que influir también en la vida de las Hermandades.
Las leyes desamortizadoras y los sucesos posteriores, sumieron a la mayor parte de éstas en una decadencia de la que algunas tardaron en recuperarse. La nuestra sintió también en sus carnes estos signos.
Bajo la dirección de los hombres se siguieron celebrando los cultos, pero de una forma cada vez más sencilla y humilde. Parece ser incluso, que algunas veces, después de todo un año sin apenas actividad, se reunían en septiembre un grupo de hermanos que pagaban los gastos de la novena, volviendo después la Hermandad al mismo letargo. Y celebrando en este periodo pocas procesiones en su festividad, aunque seguía saliendo en el Corpus, ya que correspondía la mayor parte de su organización a la Parroquia.
Esta situación no debía gustar mucho a las mujeres, pero difícilmente podían remediarlo en una asociación en la que no tenían ni voz ni voto, ni por lo tanto podían ocupar puestos directivos.
Y entonces fue cuando después de varias reuniones, optaron por la mejor solución que se les podía ocurrir; agruparse ellas en una Hermandad formada y dirigida exclusivamente por mujeres; “Ordenamos y mandamos que desde aquí en adelante sean admitidas en esta congregación las mujeres que deseen ingresar en ella; con las condiciones que han de ser vecinas de esta Villa, buenas cristianas y de buenas costumbres morales y religiosas” (Cap. 2.º).
Fue la reacción por lo que ellas consideraban una dejación de la obligación que tenían que celebrar los cultos de la Virgen “con toda la solemnidad posible”.
Ellas, lo primero que hicieron fue confeccionar unas Reglas que sorprendentemente fueron aprobadas por el notario interino del Arzobispado de Sevilla Don Manuel Matías Vela el 1 de enero de 1.872, y anteriormente por el Cura propio de esta Iglesia Parroquial Don Manuel Ruiz. En estas Reglas, en su Capítulo 4.º, exigían a los hombres las mismas condiciones que ellos le aplicaban: “Ordenamos y mandamos que nuestra congregación pueda admitir algunos hombres bajo juramento, si es que desean pertenecer a nuestra Cofradía, observando las mismas condiciones impuestas a nos; pero sin tener voz ni voto en nuestros Cavildos ni acuerdos”.
Los fines propios de esta Cofradía de mujeres eran “que todos los años se celebre la festividad de Nuestra Señora con toda la solemnidad posible, en su mismo día, con la condición de que todas las hermanas han de confesar y comulgar en este día, si es que no tienen ningún impedimento y lo mismo verificarán todas las festividades de la Virgen. También queremos que todos los años se digan las misas de Aguinaldo” (Cap. 8.º). Serían regidas por “una hermana mayordoma, dos alcaldesas, una fiscala, una muñidora, una secretaria y seis diputadas” (Cap. 1.º), que eran elegidas por el Cabildo de elecciones que se celebraba cada año, normalmente y según el mismo libro por el mes de julio, conservándose las actas de estos Cabildos.
Para poder cumplir sus fines fijaban las cuotas y limosnas que debían abonar: “Al tiempo de inscribirse, avonará la cantidad de dos reales, además tiene obligación de contribuir cada hermana o hermano con la limosna de un cuarto semanal, y el día de Nuestra Señora de las Mercedes, contribuirán con la limosna de cuatro reales, cuya cantidad se considerará como luminaria o Candela, impuesta anualmente a cada hermana o hermano, para el coste del Culto de Ntra. Sra. de las Mercedes” (Cap. 5.º). Para cobrar el cuarto semanal encargaban a dos hermanas “una de nuestras hermanas de mesa y otra que no lo sea”, por espacio de un mes, y “por orden de numeración”. Imponían dos reales de multa a las hermanas que no asistían a los Cabildos “tanto sean ordinarios como extraordinarios”.
Celebraban un cabildo extraordinario “el domingo anterior a la celebración de las misas de aguinaldo, para disponer si hay fondos para los gastos de las jornaditas, que para culto de Nuestra Señora se acostumbra a realizar en esta Iglesia” (Cap. 7.º). Estas jornaditas se siguen celebrando con gran brillantez en los nueve días anteriores a Nochebuena y terminan con la Solemne Misa del Gallo ante el Nacimiento que se instala en el Altar Mayor con la Imagen de la Virgen y la Adoración del Niño.
Al fallecimiento de cada hermana se obligaban “a costear un Funeral de Beneficio, concluido el funeral nos reuniremos para dar a la mayordoma la cantidad que fuera necesaria para el coste del funeral y misa de la hermana o hermano finado; obligándonos después de este acto a rezar tres partes del rosario por el descanso eterno de la difunta hermana o hermano” (Cap. 9.º). Para estos funerales tenían establecido un fondo de ciento veinte reales, con los derechos pagaban el funeral y lo que les faltara era lo que entre todas abonaban a la mayordoma.
En el último capítulo se obligaban a respetar las tradiciones propias de la Hermandad, y a cumplir y hacer cumplir estas Reglas “en honra y gloria de Dios Nuestro Señor y para culto de nuestra soberana Madre María Santísima, con el atributo de las Mercedes a quien nos obligamos venerar perpetuamente y defender hasta perder la vida, si fuera posible, su Inmaculada Concepción” (Cap. 10.º). En estos primeros años las cofrades eran treinta y cuatro, todas mujeres, cuyo número se fue incrementando poco a poco hasta alcanzar la cifra máxima de setenta y seis en todo el periodo. Después de algunos años ingresaron algunos hombres, pero en número muy reducido, solamente siete en todo este tiempo; claro que ellos seguían también manteniendo su propia Hermandad.
Y así fue como la Hermandad conoció uno de sus mejores momentos de su historia conviviendo dos juntas, una de hombres casi solamente nominal, y otra pujante, activa y emprendedora de mujeres.
Las mujeres, aparte de recaudar sus cuotas y mantener el culto, se preocuparon en incrementar el patrimonio de la Hermandad, para ello pedían por el pueblo “con el permiso de las autoridades, tanto civil como eclesiástica” (Cap. 8.º), criaban animales de matanza y sembraban trigo y cebada.
En 1.883 encargaron nueva corona de plata para la Imagen de la Virgen, para ello vendieron la vieja en “doce duros y dos reales”, y el resto hasta los cuarenta duros que costó la nueva, lo recogieron de limosna. Esta magnífica corona es la que luce la Virgen actualmente en su altar. Y en 1.887 la media luna que se importó ciento cuarenta reales.
En este mismo año de 1.887 compraron los candelabros y guardabrisas que se han venido utilizando en el paso de septiembre hasta 1.990, “los candelabros se compraron con lo que balió un cochino que se engordó y lo que faltó se recogió entre las hermanas y debotos. El cochino balió trescientos sesenta y la media luna se compró con un Carnero que regaló Antonio María Río y se rifó, se recogió doscientos sesenta reales lo que sobró se dejó para la Función”.
En 1.885, “Siendo Ermana mayor D.ª María Campos, se le compró a la Virgen la peana con lo que importaron los dos cochinos que se vendieron” y aún les faltó ciento ochenta reales que recogieron de limosna.
Esta situación podemos pensar que podría crear problemas de dualidad en cuanto a la representatividad legítima de la Hermandad. Pero en la práctica no fue así; si las Juntas de hombres, que generalmente duraban varios años, eran aprobadas por el Arzobispado, las de mujeres estaban refrendadas y aprobadas por el Párroco, que asistía al Cabildo de Elecciones y firmaba el acta correspondiente como ordenaban sus reglas.
Y tenemos que esta representación era ejercida indistintamente por unos y por otras. Y de ellos tenemos varios ejemplos; mientras que en 1.886 Doña Mercedes Salado acudía a los Tribunales Eclesiásticos como mayordoma de la Hermandad en defensa de los intereses de la misma, en 1.888 el Hermano Mayor Don José Ríos y el Mayordomo Don Fernando Gaviño, con el Párroco y las firmas de todos los hombres que componían su Hermandad, solicitaban de la Santa Sede el Título escrito de Patrona “como desde siempre la nombran todos los vecinos de la Villa”, también como legítimos representantes de la Hermandad.
Este periodo terminó hacia 1.930, por las cada vez más estrechas normas del Arzobispado de Sevilla sobre las Hermandades y Cofradías, y en lo que algo tendría que ver también el Párroco.
Se volvía a la situación anterior en la que las mujeres podían pertenecer a la Hermandad “para lucrar las indulgencias y gracias espirituales que la misma disfruta”, pero sin derecho a voz ni voto ni ocupar cargos en su Junta de Gobierno.
Por fin, en las vigentes Reglas, se equiparan mujeres y hombres en todos los derechos y obligaciones dentro de la Hermandad. Anteriormente se habían dictado las normas Diocesanas sobre Hermandades y Cofradías, obligando a todas ellas a adaptar sus estatutos al nuevo Código de Derecho Canónico.
Las hermanas votaron por primera vez junto con los hombres en el último Cabildo de Elecciones, y aunque ninguna ocupa todavía cargo en la Junta, su participación en todas las actividades de la Hermandad es tan importante como la de los hombres.



Joaquín Gaviño Colchero

Separata de la Revista ESTUDIOS correspondiente al número 188, de los meses enero-marzo de 1995

1 comentario:

ALJARAFE GESTION EVENTOS dijo...

He visitado vuestro Blog y debo felicitarles por el mismo ya que ofrecen una completa visión de la Hermandad, su Historia, sus Cultos, etc y una hermosa muestra la imagen de la Virgen de las Mercedes.
Por razón de la ubicación de mi negocio en calle nueva desde hace 5 años poco a poco voy incorporandome a la vida de éste pueblo del que sin duda, la Hermandad de Ntra Sra. de las Mercedes es una intitución con gran arraigo.
Un cordial saludo
Enrique Ramírez Flores

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...